Taller: Jóvenes Acompañando a Jóvenes
En nuestra vida Dios nos da oportunidades únicas que no se deben desaprovechar, y una de ellas se realizó este fin de semana del 26 al 28 de abril del presente año en la “Casa de la Juventud” en San Antonio de los Altos donde se congregaron unos 81 participantes, entre ellos la mayoría jóvenes asesores del MJS, acompañados por un grupo de FMA y SDB jóvenes y en formación, venidos de la mayoría de los estados y del país, que voluntariamente han querido ser parte de una experiencia única y llena de muchos aprendizajes. Se trata de un taller-seminario de acompañamiento de jóvenes que acompañan a jóvenes dado por el P. Miguel Ángel García sdb miembro del Dicasterio de Pastoral Juvenil, quien con su grandiosa experiencia se dedicó a escuchar las realidades juveniles y dar herramientas para saber ser “ángeles” en la tierra, y no dejar que los jóvenes de hoy y especialmente los que hacen vida en cada una de las obras salesianas de Venezuela sean parte del montón que ofrece la sociedad actual.
Desde la llegada el ánimo se notaba, comenzando con escuchar de parte de cada uno de los participantes las expectativas del taller, y las ganas de aprender de las experiencias personales. El taller estuvo distribuido en 6 módulos; “Introducción”, “Imágenes bíblicas del acompañamiento”, “La persona del acompañante”, “Las etapas del acompañamiento”, “El acompañamiento espiritual de los jóvenes según Don Bosco”, y “Actualidad del Sistema educativo de Don Bosco para el acompañamiento de adolescentes”; cada uno de los módulos fue discutido con bases, ayudando a revivir experiencias y a autoevaluarse como asesores, como acompañantes y hasta como amigos, reflexionando que el acompañar no es un trabajo remunerado o algo que se debe realizar porque un libro lo dice, sino un servicio, un ministerio, una vocación. Igualmente los participantes reflexionaron sobre la vida del acompañante y del acompañado como pieza importante para el plan de Dios y sus instrumentos en esta vida, es por ello que este taller dio respuesta a muchas situaciones, y a muchas actitudes que como seres humanos no se realizaban de la mejor manera.
Iluminados desde la palabra de Dios, se involucró ese decir y hacer de Jesús con sus discípulos, con quienes confiaban en ÉL y creían desde el corazón, convirtiéndose así en la mejor figura de acompañante, por medio de su escucha y su palabra llegaba a muchos y cambiaba sus vidas. Así mismo Jesús ilumino a Don Bosco, con un rayo de humildad que lo ayudó a iluminar a otros. Muchas veces se suele preguntar, ¿cómo Don Boso logró todo lo que hizo con jóvenes que venían de familias extremadamente pobres y muchos sin familia, con realidades tan crudas?, ¿cómo logro convertir esa tela áspera en una bella túnica para Dios?; es para muchos imposible, pero es hermoso reconocer que también Don Bosco tuvo en la tierra personas que le acompañaron desde la niñez y que esas mismas ayudas y consejos, los aplicó con sus muchachos. Acompañar no es cuestión de tener un oráculo y dar respuestas a primera instancia, se trata de saborear esas experiencias, equivocarse y levantarse, adentrarse en ese mundo del joven y extraer lo positivo, ayudarlo y no hundirlo, no ser parte del problema sino parte de la solución y sobre todo después de una buena dosis de escucha, confianza y respeto dejarlo volar como gaviota, que sea libre y el mismo sea crítico de sus propios actos y así ayudar a otros a ser libres.
El joven debe sentirse guiado por el Espíritu Santo a través de la figura del acompañante, que cada acción sea dada por medio de la oración, es decir, no solo se debe quedar con ese consejo que se da, sino también de la escucha de Dios aprender a escucharlo en el silencio de nuestra vida, y dar respuesta a esa escucha.
Para Don Bosco su primera acompañante fue Mamá Margarita, quien con una palabra, un consejo y un buen ejemplo ayudó a Dios a moldear su personalidad, humildad y vida de fe; esa ayuda se la dio con su insistencia por la oración, por no dejar de ser quien realmente era, y enseñarlo a perdonar las ofensas de sus hermanos, y sobre todo a amarlos. Dios colocó en la vida de Don Bosco esas piezas importantes y dibujó su plan sobre el lienzo de su vida. Si permitimos que Dios haga lo mismo en la nuestra, la invitación es que seamos entonces su pincel y le demos color a esta vida y sobre todo a la vida de tantos jóvenes que necesitan de verdad.
Hectali Tolosa
Asesora del MJS Venezuela
EZIDEL